New Yorkers en Halloween

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¡Invocando la poderosa magia de nuestros ancestros, hoy, noche de Samaín, nos tele-transportaremos al otro lado del océano, a un tiempo y a un lugar diferentes, a unos 5.000 km de distancia y a una década ya pasada...!




Cruzamos la calle tras salir del hotel por Lexington Ave. El vapor procedente de las entrañas de la ciudad, teñía de blanco el ambiente en penumbra, solo iluminado por las luces interiores de los edificios. A nuestra izquierda se alzaba el Chrysler Building envuelto en una ligera neblina que le daba una imagen algo surreal y a la vez aterradora, muy apropiada para esa noche: la noche de Halloween.

La niebla envuelve por la noche el Chrysler Building
chrysler building

Tuve ganas de dar media vuelta para coger mi Canon EOS en el hotel, no lo hice y supe que siempre lo lamentaría pero, llegábamos tarde para recoger a nuestros amigos en el Hotel Grand Hyatt —era el establecimiento hotelero más hortera, más monstruosamente grande y feo que había visto en mi vida, se asemejaba a un gran centro comercial de terrorífico mal gusto— y llevar la cámara toda la noche a cuestas supondría un enorme engorro.

Una vez reunido todo el grupo, nos dirigimos a la estación Grand Central, que estaba allí al lado —su monumentalidad borró de un plumazo la imagen de fealdad del edificio anterior, aquello era otro mundo—. Sus ventanas eran de sobra conocidas por haber sido fotografiadas y filmadas mil veces pero su bóveda recubierta de constelaciones me sorprendió, al igual que su increíble tamaño —te hacía sentir como una hormiguita dentro de una película—. Atravesamos el recinto principal bajando varios tramos de escalera en medio de una gran multitud y, tras rebasar el famoso Oyster Bar donde, según dicen, puedes degustar las mejores ostras de la ciudad —aunque seguro que no tanto como las gallegas— nos dirigimos a las vías del metro. Nuestro destino era Greenwich Village —o el Village, como aquí lo llaman—. Con un listado de locales recomendados en el bolsillo, pusimos rumbo a la diversión... aquello prometía.

Entrada en rampa a Grand Central Station
grand central

Al subir a la calle, nos tropezamos con unas vallas de madera —del tipo american-mamotreto— que ya estaban colocadas junto con un despliegue policial impresionante. Grupos de unos cuarenta policías —me entretuve en contarlos— ocupaban cada una de las cuatro esquinas de cada cruce —la verdad es que daba un poco de respeto, sabiendo cómo se las gasta la policía americana... y quizá era muy exagerado... o no, vete tú a saber— pero se trataba del escenario de la Village Halloween Parade.

Colocados tras las robustas vallas neoyorquinas, pudimos ver esqueletos de todos los tamaños, ojos, muchos ojos, varios Michaels, zombis, vampiros, Frankensteins, y demás criaturas fantásticas —todo muy apropiado para el momento— aunque no faltó el punto discordante de los disfraces subidos de tono —los más divertidos y que contagiaban su alegría a diestro y siniestro—, igual que en cualquier otro carnaval del mundo, sea de la época que sea, una especie de globalización carnavalesca.

Primera parada importante: Jeckyll & Hyde Club el primero de los recomendados. Como cabía esperar, la decoración era terrorífica: esqueletos, calaveras, telarañas, arañas, fantasmas, monstruos de todo tipo, un Frankenstein que salía de un cofre y se incorporaba hasta sentarse, en medio de un rechinar horripilante, o los ojos de unos cuadros que seguían nuestros movimientos —lo que se dice un escenario perfecto para esa noche—.

Cuadros con ojos móviles en el Jeckyll & Hyde Club
cuadros de ojos móviles jeckyll & hyde club

Los nombres de los platos también iban en consonancia, imposible saber de qué se componían. Preguntamos al camarero que vestía sus mejores galas de fantasma. Casi todos nos decantamos por las costillas como plato principal —muy sabrosas aunque quemaban los labios— una constante de la cocina neoyorquina —si es que eso existe—, tan fuerte al paladar que te deja sin aliento.

A nuestro alrededor, todo el mundo iba disfrazado de algo terrorífico, todos menos nosotros, que parecíamos extraños especímenes observando un entorno ajeno.

—¡Mierda!— dijo uno de mis amigos —al menos teníamos que haber conseguido unas caretas.

—Ahora eso ya no tiene remedio— le contesté.

—Pero hubiera estado guai...

—Tal vez en el Drugstore de la esquina...— propuso otro de ellos.

—¡Centrémonos! Ahora estamos aquí cenando...— me mantuve firme. Aunque a regañadientes, nadie se levantó... lo dejamos para una mejor ocasión, aun sabiendo que lo más probable es que nunca la hubiera, no allí al menos.

La música estaba escogida para la celebración, no faltaron Thriller de Michael Jackson ni Lullaby de The Cure, así como gritos fantasmagóricos y terroríficos de vez en cuando. Poco a poco el ambiente se iba caldeando, forzado también por las bebidas espirituosas americanas, amargas, servidas con manguera y con una graduación monstruosa —por eso, según mi bizarra teoría, sólo las toman en chupitos— y, también, por la mezcla de licores de distinta procedencia.

Continuamos la fiesta de bar en bar, siguiendo religiosamente la lista que teníamos —quien la había hecho, estaba muuuy bien enterado—. Los garitos eran de lo más variopinto, desde los que tenían solera con música en vivo, hasta otros que parecían haber sido montados el día anterior para dar una fiesta universitaria. En uno de estos últimos estábamos cuando pedí unas caipirinhas frozen, en vez de traditional, que a mis amigos no les gustaron nada —demasiado suaves—. A mí me pasaba lo contrario, todas las bebidas me resultaban excesivamente fuertes y secas. Intenté pedir un Martini on the rocks pero no hubo manera, me sirvieron uno que yo llamaría más bien out the rocks, me pusieron tan solo el licor caliente servido en una copa de cóctel —asqueroso, tuve que rendirme el resto de la noche a las bebidas en american style—. Dejando aparte estas minucias, la noche transcurrió divertida y aterradoooora... en el buen sentido.

Cuando la fiesta estaba llegando a su fin, comenzó a llover —un final digno de la Ley de Murphy— entonces, la locura se transformó en cómo conseguir un taxi en medio de la lluvia y de un tumulto infernal. Echamos a andar calle arriba —resignados a volver a pie caminando unas veinticuatro manzanas tamaño XL— cuando uno de mis amigos gritó.

—¡Eh, venid, he pillado uno!— nos giramos un tanto escépticos.

—¡Tío, eres grande!— grité al tiempo que chocaba mi mano con la suya.

Nos introdujimos en el vehículo, sin poder creer la suerte que habíamos tenido y yo pronuncié la dirección con mi genuino acento americano —adquirido sólo unos dos días antes—. El coche no corría, volaba y, nosotros, acurrucados en el asiento trasero, nos sentíamos ya como unos verdaderos New Yorkers... New Yorkers en Halloween.

Aquí os dejo toda la aventura resumida en imágenes y aderezada con la banda sonora pertinente. No os lo perdáis. Espero que la disfrutéis tanto como yo lo hice:


Y vosotr@s ¿cómo pasáis Halloween? ¿lo celebráis o no?


PE: Esto sucedió a finales del siglo pasado —¡cómo suena eso!—. En aquellos momentos la tradición de esta fiesta aún no existía en España. Tan solo era conocida por las películas americanas... cuando iniciamos el viaje ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que Halloween caía en esas fechas y nos pillaría en NY. Eso fue parte de la gracia, lo inesperado y no planeado... lo hizo el doble de interesante. 

Desde hace unos años en Galiciadonde yo vivo— se ha rescatado la antigua tradición del Samaín, una fiesta celta que existió aquí desde siempre pero que se había olvidado unas décadas atrás. En ella se esculpían calabazas relacionadas con el culto a la muerte y que, en algunos lugares, se conservaban para usarlas a modo de careta en los carnavales. Una fiesta pagana que celebraba el fin de la temporada de las cosechas y el comienzo de la estación oscura, siendo considerada como el "Año Nuevo Celta".



Comentarios

  1. Holaaa,
    Pues ni echo a posta te habría salido tan bien el viaje! jejej Está genial que te coincidiera con Halloween allí. La verdad es que allí sí que lo celebran a lo grande y menudo ambientazo se ve por tus fotos. Me ha encantatado el jeckyll & hyde club, la decoración es total. Muy bien ambientado el lugar, da grimilla ;). Lástima lo de los disfraces! a pesar de que este año he sido una sosilla y no lo he hecho a mi me encanta disfrazarme. Un besote!!

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    1. A veces planeas las cosas y no salen y en esta ocasión sin embargo... No solo coincidió Halloween, también la maratón de Nueva York. Fue una semanita bastante movidita. La celebración en Greenwich Village era en aquel entonces recién nacida pero en la actualidad ya está completamente afianzada y reconocida a nivel mundial. Nosotros no teníamos ni idea cuando estuvimos allí. Lo vivimos como un regalo que nos había permitido entrar de lleno en una celebración genuinamente americana que conocíamos solo a través de las películas. Fue alucinante y un regalo, como si estuviéramos viviendo una fantasía. Fue genial. EL local del Jeckyll and Hyde Club es alucinante, han pasado un par de décadas de aquel viaje y todavía sigue allí y en boga, digno de visitarse en cualquier época. Besos.

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  3. ¡Vaya sorpresa os esperaba en NY :D ! un ambientazo terrorífico y por lo que veo una ruta de ocio muy interesante :) solo faltó la careta :D la cámara ;) y un martini decente :D jajaja. Cómo molan estas sorpresas viajeras :) Fantástico post compañera de teclas, me ha encantado pasear de tu mano.
    Yo soy más de castañas :) frutos secos, chirimoyas...personalmente creo que la gracia está en la diversidad y que cada lugar lo celebre a su manera, pero no soy una anti-Halloween, asumo que la globalización tiene esas cosas ;) Soy más bien de sumar, por eso me alegra que se haya recuperado ese Samaín, tan celta y pagano. Un abrazo horripilante y grande.

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    1. Tenía que hacer lo que viere... adonde fuere... e hice todo lo caontrario, si fuera hoy hubiera pedido un Dry Martini, pero la mezcla de Martini con ginebra o ron me pareció excesiva visto lo visto. No sé qué pasa pero aquí las bebidas alcohólicas son como mucho más dulces... no me digas por qué. Estas sorpresitas son bárbaras, hay que seguir la dirección del viento y dejarse llevar...
      Yo solo he celebrado Halloween cuando mi hija era más pequeña pero me limitaba a disfrazarla y poco más. Hay gente que se entrega un montón a este tipo de celebraciones, yo no suelo hacerlo. Pero aquel Halloween Neoyorquino fue como vivir una película, como si nos metiéramos a través de la pantalla de cine dentro de la historia. Fue genial.
      Aquí se celebran más los Magostos. Es una fiesta local que rige el patrón de la ciudad: San Martiño. Se hacen hogueras para asar las castañas en pleno monte y una vez comidas y regadas con caldos de la tierra, se cogen los tizones y se le pasan por la cara a todo el mundo, resistencia y carreras incluidas, es divertido. Y el Samaín se ha puesto de moda en muchos lugares, aunque casi nadie sepa realmente en qué consiste o se diferencia de la fiesta anglosajona... Un besote bajo telas de araña ; )

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  5. Menuda aventura !!!
    Y qué casualidad, estuve en Jeckyll & Hyde Club hace como 15 años y fue toda una experiencia porque además fui con mis hijos que eran pequeños , alucinaron no querían irse y les ENCANTÓ !!!! los americanos son únicos para estas cosas, y New York es lo más. Una de las ciudades más variopintas y especiales del mundo.
    El video está genial, gracias por compartir esta experiencia tan divertida.
    Besos.

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    1. De nada. Fue revivir los recuerdos a través de imágenes sacadas de la red... porque la cámara, como cuento en el relato, se quedó calentita durmiendo en el hotel. Jeckyll and Hyde Club allí sigue, aguantando el paso de al menos dos décadas... un lugar que seguro que ya forma parte de las guías turísticas a estas alturas. He añadido el enlace en el post. Un lugar súper especial al igual que la ciudad de Nueva York. Sin duda una de mis favoritas... todo el mundo debería visitarla por lo menos una vez en la vida.
      Me encanta que te haya gustado el vídeo, lo pasé en grande montándolo. Lo más difícil fue la banda sonora porque no pasaba la criba de los derechos de autor... en fin, gajes del oficio. Al final creo que salió ganando porque puse un montón de bandas sonoras famosas.
      Besos.

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  6. Me imagino que estaríais encantados con esa casualidad, sobre todo con esa lista de bares tan bien hecha que me han dado ganas de tener ;) Vivir Halloween (como cualquier otro acontecimiento) en Nueva York y a la americana tiene que ser una experiencia única. Pd: no me dan nada de confianza los cuadros con ojos que se mueven en el Hyde Club, no podría cenar allí mientras "me observan" ;) Saludos, y feliz Año Nuevo Celta en tu tierra. Un placer leerte. Saludos.

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    1. Todo fue una casualidad... de casualidad en casualidad como el Juego de la Oca. Conocimos a estos amigos, ellos tenían otros amigos que habían vivido en la ciudad un tiempo y les habían pasado la famosa lista... y nosotros la usamos al pie de la letra. Fue fantástico, desde luego. Nueva York, con Halloween o sin él es una ciudad digna de ver, de vivirla. Hay tanto que visitar, que hacer, espectáculos en Broadway, misas de Gospel, el mítico y gigantesco Central Park, las Naciones Unidas... el Guggenheim, el MOMA... comer perritos en puestos callejeros o en bares estilo art decó... un montón de galerías de arte, subir en helicóptero, pasear en barco, o solo recorrer sus calles como otro New Yorker más...
      Gracias por tus buenos deseos y por venir aquí y quedarte un ratito. Un besote.

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  7. Hola guapa, pues adoro Halloween desde siempre y creo que no hay mejor sitio donde pasarlo que en EUA y vamos... ya en NY ni te cuento! me he anotado para ir si o si a Jeckyll & Hyde Club, o sea los cuadros son una pasada! aunque ya te digo que me daria ir igual en estas fechas u otras, creo que tiene tanto que ofrecer que da igual la epoca del año!

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    1. Cierto. NY es un todo terreno. Válido para cualquier fecha. Es una de mis ciudades favoritas del mundo mundial. Si vas en Halloween, aparte de llevar ropa de abrigo, no te olvides de ir al Village. Es donde se celebra ese desfile único y diseñado y promocionado por artistas... digno de ver, lo recomiendo muchísimo ¡Feliz finde de terroooorrr!

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  8. Qué redondo que os salió este viaje al poder vivir la noche de halloween como auténticos new yorkers. Y que bien poder ir a todos esos bares y pasarlo tan bien. Debió ser una noche inolbidable...y seguro que todas laa personas con quien os encontrastéis alucinaban al veros sin disfraces jajaja

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    1. No creas que alucinaron tanto... ja ja ja allí todo el mundo pasa de todo.
      La verdad es que fue una experiencia increíble en todos los sentidos. De las que no se olvidan. Yo creo que las cosas pasan cuando, como y donde tienen que pasar y aquella noche se alinearon los astros para que resultara redonda como tú dices ; )
      Un beso.

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  9. Holaa!!
    Pues me disfracé y bajé a tomar un café a si que no mucho pero está genial salir un poco en Halloween, me ha encantado el post, increíble el viaje, seguro que lo pasasteis de maravilla, me apunto la ciudad para visitar aunque no sea en halloween.
    Gracias por compartirlo!

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    1. Nueva York siempre es visitable, sea en la época que sea. El paseo Hallowiniano por allí fue increíble e irrepetible. Gracias por visitarme y contarme tu Halloween, al menos tú sí te disfrazaste. Un beso.

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  10. ¡Hola, guapa!
    Te felicito por el relato de tu vivencia, por momentos pensaba que estaba ante un texto inventado. New York en Halloween tiene que ser toda una experiencia, ya que ellos viven esta fiesta con mucha intensidad. No obstante, yo no soy muy de halloween me gustan más nuestras festividades europeas, ya sea celta como el Samaín o las festividades que se han hecho toda la vida en la península. Halloween me parece una fiesta importada que no nos aporta nada a nivel cultural. Si reconozco que es divertida, ahora que mi hijo tiene tres años la vivimos más de cerca. Un abrazo.

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    1. Pues verás que el otro día en Cuarto Milenio estuve viendo el programa dedicado a Halloween y hablaron del Samaín, de la Santa Compaña, que existen en Galicia y de otras tradiciones de otras comunidades españolas. Todas tenían en común el culto a la muerte. Y están bastante más emparentadas unas con otras de lo que cabía esperar. Halloween no es una fiesta tan vací, solo ocurre que la han mercantilizado demasiado con el paso de los años. Par los niños resulta siempre muy divertida, eso sí es cierto.
      Un beso.

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  11. Hola, pues que bien escrito quedo que me quede embobada leyendo, me gustó mucho. Y que buen ambiente, todo acordé con esa noche de Halloween que debe ser terrorífica y oscura.
    Que genial que la hayan pasado genial en New York en Halloween.
    Aunque yo no celebró esa fecha, en mi país no se celebra si me da curiosidad como lo hacen en los diferentes países.

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    1. Pues será de los pocos lugares que no han sucumbido a la globalización... es una fiesta bastante divertida y en Greenwich Village lo pasamos genial.
      Gracias por acercarte y comprobar los lugares más divertidos en Halloween en Manhattan.
      Un beso.

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  12. Yo la desconocía por completo, pero me ha encantado ver como la habéis disfrutado y vaya nochecita que pasasteis de un sitio en otro.
    Me alegro que esa tradición se haya recuperado, no hay que perderlas nunca.
    B7s

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    1. Supongo que te referirás al Samaín. Sí, en los pueblos no llegó a perderse del todo. una tradición que se refería a los cambios de estación... ahora han perdido su significado original... ya no nos regimos por hábitos tan naturales.
      Gracias por la visita. Un beso.

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  13. A pesar de no ir a tono con la fecha no deja de ser divertida la manera como pasaron Halloween en New York, un lugar donde la gente hasta decora sus casas y jardines en esta fecha, celebro Halloween desde la infancia disfrazandome y saliendo con mis amigos a buscar dulces, ahora que ya tengo hijos y sobrinos en alguna ocasión hice una fiesta temática para ellos, pero ya están mas grandes y ahora se van a fiestas en casa de amigos, pero ese año en particular no hicimos nada en esa fecha porque se nos cruzó con otras actividades.

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    1. Pues en España no hace demasiado tiempo que se celebra. Aquí la verdadera fiesta siempre ha sido el 1 de Noviembre que es un día festivo. Eso se sigue celebrando y se venden miles de flores que se llevan a los cementerios para honrar a los miembros fallecidos de cada familia. Se hacen dulces especiales como los huesos de santo y las familias se reúnen. Lo del 31 de Octubre vino después pero ha servido para recordar fiestas ancestrales que se remontan a nuestro pasado celta y que se han recuperado hace poco.
      La verdad es que Halloween es una fiesta para que la celebren los niños o los adolescentes. Ahora en los colegios siempre se disfrazan y tienen un día especial.

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